La lámpara del cuerpo - Los mensajes evangélicos de la Palabra de Dios


34 La lámpara del cuerpo es el ojo. Cuando, pues, tu ojo es bueno, todo tu cuerpo será luminoso, pero cuando son malos, todo tu cuerpo estará en tinieblas.
35 Véase, pues, que la luz que hay en ti no sea oscuridad.
36 Así que, si todo tu cuerpo está iluminado, teniendo alguna parte de tinieblas, será enteramente luminoso, como cuando la lámpara te ilumina con su brillo. - Lucas 11:34 al 36

El pecado nace en nuestros ojos. Está en los ojos y en nuestros corazones que después del pecado de la codicia y la envidia primavera en nuestras vidas, por lo que debemos ser muy cuidadosos con nuestros ojos.

La luz que ilumina al hombre, a la luz bien y la verdad, la luz que tiene el hombre brillo entra a través de los ojos de nuestros corazones. Esta mirada es la mirada del alma. Esta luz es muy especial y una luz que ya está bien con nosotros onhecida todos. Sólo que la luz es capaz de iluminar no sólo a nuestros ojos, sino también nuestros corazones, nuestros cuerpos y nuestro espíritu entero.

4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres;
5 La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
6 Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan
7 Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
8 No era él la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz.
9 La luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.
10 Y él estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no le conoció.
11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
12 Mas a todos los que le recibieron, los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
13 los cuales no nacieron de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, lleno de gracia y verdad, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre
15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es aquel de quien yo dije: El que viene después de mí se alejó de mí, delante de mí, porque existía.
16 Porque todos hemos recibido de su plenitud, y gracia por gracia.

John 1:4 a 16


12 Entonces les dijo Jesús otra vez a ellos, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. - Juan 12:12

Mira mirada tanto física y espiritual del hombre debe ser constantemente centrado en la verdadera luz de la vida que es el Señor Jesucristo. Muchas personas piensan que pueden controlar su aspecto y por lo tanto se apartan de las trampas que el diablo nunca deja de poner en nuestro camino. Muy engañarnos en pensar así.

Todos tenemos pleno conocimiento de nuestras limitaciones y saben muy bien cómo somos débiles e incapaces de cambiar las cosas aún más pequeñas, tales como, lugar, persona u objeto en el que ponemos nuestro aspecto físico.

No debemos olvidar nunca que el Señor Jesucristo dejó en claro que dependemos de Él:

4 Permaneced en mí, y yo en ti, como la propia varilla no puede dar fruto si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. - Juan 15:4 al 5

Más claro que eso es imposible!

Así que simplemente observar un cambio real en nuestras vidas cuando dejamos que el Señor de la Luz ilumine todo nuestro ser, comenzando por nuestro mirada penetrante e inquieto. Sólo la luz de Dios que puede restaurar nuestra mirada aseada, resalte nuestro verdadero color y el brillo de los hijos de Dios. Con ello, no sólo nuestros ojos físicos y nuestra mirada espiritual, sino también cualquier manifestación de nuestro cuerpo y de la vida que siempre tendrá un brillo muy especial.

Amén y gracias a Dios.